domingo, 7 de febrero de 2010

ODA Y GERMINACIONES

Pensaba qué escribir en mi Blog: dudaba si hacerlo sobre mi cuento favorito de la infancia: “El patito feo” o sobre las dos últimas películas vistas “El Río” de Jean Renoir y “La Escapada” de Dino Risi pero ayer este maravilloso poema de Pablo Neruda uno de mis poetas favoritos junto a Antonio Machado, me fue regalado y creo que para aquellos que aún creemos que el verdadero motor que impulsa la vida es el amor bien vale la pena leer detenidamente este poema.

Cuanto me gustaría poseer un inmenso almacén de palabras para igual que los grandes poetas poder seleccionarlas y combinarlas en poemas como este con el que nos obsequia Pablo Neruda.


ODA Y GERMINACIONES


I El sabor de tu boca y el color de tu piel,

Piel, boca, fruta mía de estos días veloces,

Dímelo, fueron sin cesar a tu lado

Por años y por viajes y por lunas y soles

Y tierra y llanto y lluvia y alegría

O sólo ahora, sólo

Salen de tus raíces

Como a la tierra seca el agua trae

Germinaciones que no conocía

O a los labios del cántaro olvidado

Sube en el agua el gusto de la tierra?

No sé, no me lo digas, no lo sabes.

Nadie sabe estas cosas.

Pero acercando todos mis sentidos

A la luz de tu piel, desapareces,

Te fundes como el ácido

Aroma de una fruta

Y el calor de un camino,

El olor del maíz que se desgrana,

La madreselva de la tarde pura,

Los nombres de la tierra polvorienta,

El perfume infinito de la patria:

Magnolia y matorral, sangre y harina,

Galope de caballos,

La luna polvorienta de la aldea,

El pan recién nacido:

Ay todo de tu piel vuelve a mi boca,

Vuelve a mi corazón, vuelve a mi cuerpo,

Y vuelvo a ser contigo

La tierra que tú eres:

Eres en mí profunda primavera:

Vuelvo a saber en ti cómo germino.

II

Años tuyos que yo debí sentir

Crecer cerca de mí como racimos

Hasta que hubieras visto cómo el sol y la tierra,

A mis manos de piedra te hubieran destinado

Hasta que uva con uva hubieras hecho

Cantar en mis venas el vino.

El viento o el caballo

Desviándose pudieron

Hacer que yo pasara por tu infancia,

El mismo cielo has visto cada día,

El mismo barro del invierno oscuro,

La enramada sin fin de los ciruelos

Y su dulzura de color morado.

Sólo algunos kilómetros de noche,

Las distancias mojadas

De la aurora campestre,

Un puñado de tierra nos separó, los muros

Transparentes

Que no cruzamos, para que la vida,

Después, pusiera todos

Los mares y la tierra

Entre nosotros, y nos acercáramos

A pesar del espacio,

Pasó a paso buscándonos,

De un océano a otro,

Hasta que vi que el cielo se incendiaba

Y volaba en la luz tu cabellera

Y llegaste a mis besos con el fuego

De un desencadenado meteoro

Y al fundirte en mi sangre, la dulzura

Del ciruelo salvaje

De nuestra infancia recibí en mi boca,

Y te apreté a mi pecho

Como si la tierra y la vida recobrara.

III

Mi muchacha salvaje, hemos tenido

Que recobrar el tiempo

Y marchar hacia atrás, en la distancia

De nuestras vidas, beso a beso,

Recogiendo de un sitio lo que dimos

Sin alegría, descubriendo en otro

El camino secreto

Que iba acercando tus pies a los míos,

Y así bajo mi boca

Vuelves a ver la planta insatisfecha

De tu vida alargando sus raíces

Hacia mi corazón que te esperaba.

Y una a una las noches

Entre nuestras ciudades separadas

Se agregan a la noche que nos une.

La luz de cada día

Su llama o su reposo

Nos entregan, sacándolos del tiempo,

Y así se desentierra

En la sombra o la luz nuestro tesoro,

Y así besan la vida nuestros besos:

Todo el amor en nuestro amor se encierra:

Toda la sed termina en nuestro abrazo.

Aquí estamos al fin frente a frente,

Nos hemos encontrado,

No hemos perdido nada.

Nos hemos recorrido labio a labio,

Hemos cambiado mil veces,

Entre nosotros la muerte y la vida,

Todo lo que traíamos

Como muertas medallas

Lo echamos al fondo del mar,

Todo lo que aprendimos

No nos sirvió de nada:

Comenzamos de nuevo,

Terminamos de nuevo

Muerte y vida.

Y aquí sobrevivimos,

Puros, con la pureza que nosotros creamos,

Más anchos que la tierra que no pudo extraviarnos,

Eternos como el fuego que arderá

Cuanto dure la vida.

IV

Cuando he llegado aquí se detiene mi mano.

Alguien pregunta: Dime por qué, como las olas

En una misma costa, tus palabras

Sin cesar van y vuelven a su cuerpo?

Ella es sólo la forma que tú amas?

Y respondo: mis manos no se sacian

En ella, mis besos no descansan,

Por qué retiraría las palabras

Que repiten la huella de su contacto amado,

Que se cierran guardando

Inútilmente como en la red el agua,

La superficie y la temperatura

De la ola más pura de la vida?

Y, amor, tu cuerpo no sólo es la rosa

Que en la sombra o la luna se levanta

O sorprendo o persigo.

No sólo es movimiento o quemadura,

Acto de sangre o pétalo del fuego,

Sino que para mí tú me has traído

Mi territorio, el barro de mi infancia,

Las olas de la avena,

La piel redonda de la fruta oscura

Que arranqué de la selva,

Aroma de maderas y manzanas,

Color de agua escondida donde caen

Frutos secretos y profundas hojas.

Oh amor tu cuerpo sube

Como una línea pura de vasija

Desde la tierra que me reconoce

Y cuando te encontraron mis sentidos

Tú palpitaste como si cayeran

Dentro de ti la lluvia y las semillas!

Ay que me digan cómo

Pudiera yo abolirte

Y dejar que mis manos sin tu forma

Arrancaran el fuego a mis palabras!

Suave mía, reposa

Tu cuerpo en estas líneas que te deben

Más de lo que me das en tu contacto,

Vive en estas palabras y repite

En ellas la dulzura y el incendio,

Estremécete en medio de sus sílabas,

Duerme en mi nombre como te has dormido

Sobre mi corazón, y así mañana el

Hueco de tu forma

Guardarán mis palabras

Y el que las oiga un día recibirá una ráfaga

De trigo y amapolas:

Estará todavía respirando

El cuerpo del amor sobre la tierra!

V

Hilo de trigo y agua

De cristal o de fuego,

La palabra y la noche,

El trabajo y la ira,

La sombra y la ternura

Todo lo has ido poco a poco cosiendo

A mis bolsillos rotos

Y no sólo en la zona trepidante

En que amor y martirio son gemelos

Como dos campanas de incendio,

Me esperaste, amor mío,

Sino en las más pequeñas

Obligaciones dulces.

El aceite dorado de Italia hizo tu nimbo,

Santa de la cocina y la costura,

Y tu coquetería pequeñuela,

Que tanto se tardaba en el espejo,

Con tus manos que tienen

Pétalos que el jazmín envidiaría

Lavó los utensilios y mi ropa,

Desinfectó las llagas.

Amor mío, a mi vida

Llegaste preparada

Como amapola y como guerrillera:

De seda el esplendor que yo recorro

Con el hambre y la sed

Que sólo para ti traje a este mundo,

Y detrás de la seda

La muchacha de hierro

Que luchará a mi lado.

Amor, amor, aquí nos encontramos.

Seda y metal, acércate a mi boca.

VI

Y porque Amor combate

No sólo en su quemante agricultura,

Sino en la boca de hombres y mujeres,

Terminaré saliéndoles al camino

A los que entre mi pecho y tu fragancia

Quieran interponer su planta oscura.

De mí nada más malo

Te dirán, amor mío

De lo que yo te dije.

Yo viví en las praderas

Antes de conocerte

Y no esperé el amor sino que estuve

Acechando y salté sobre la rosa.

Qué más pueden decirte?

No soy bueno ni malo sino un hombre,

Y agregarán entonces el peligro

De mi vida, que conoces

Y que con tu pasión has compartido.

Y bien, este peligro

Es peligro de amor, de amor completo

Hacia toda la vida, hacia todas las vidas,

Y si este amor nos trae

La muerte o las prisiones,

Yo estoy seguro que tus grandes ojos,

Como cuando los beso

Se cerrarán entonces con orgullo,

Con doble orgullo, amor,

Con tu orgullo y el mío.

Pero hacia mis orejas vendrán antes

A socavar la torre

Del amor dulce y duro que nos liga,

Y me dirán: "Aquella

Que tú amas,

No es mujer para ti,

Por qué la quieres? Creo

Que podrías hallar una más bella,

Más seria, más profunda,

Más otra, tú me entiendes, mírala qué ligera,

Y qué cabeza tiene,

Y mírala cómo se viste

Y etcétera y etcétera".

Y yo en estas líneas digo:

Así te quiero, amor, amor,

Así te amo, así como te vistes

Y como se levanta

Tu cabellera y como

Tu boca se sonríe,

Ligera como el agua

Del manantial sobre las piedras puras,

Así te quiero amada.

Al pan yo no le pido que me enseñe

Sino que no me falte

Durante cada día de la vida.

Yo no sé nada de la luz, de dónde

Viene ni dónde va,

Yo sólo quiero que la luz alumbre,

Yo no pido a la noche

Explicaciones,

Yo la espero y me envuelve,

Y así tú, pan y luz

Y sombra eres.

Has venido a mi vida con lo que tú traías,

Hecha

De luz y pan y sombra te esperaba,

Y así te necesito,

Así te amo,

Y a cuantos quieran escuchar mañana

Lo que no les diré, que aquí lo lean,

Y retrocedan hoy porque es temprano

Para estos argumentos.

Mañana sólo les daremos

Una hoja del árbol de nuestro amor, una hoja

Que caerá sobre la tierra

Como si la hubieran hecho nuestros labios,

Como un beso que cae

Desde nuestras alturas invencibles

Para mostrar el fuego y la ternura

De un amor verdadero.


3 comentarios:

Vivian dijo...

Precioso poema, digno merecedor de una entrada en tu blog, yo también creo que el amor es el motor de la vida, y, también como tú, adoro a Neruda.

Espero esas entradas sobre “El Patito Feo” y sobre “El Río” de Renoir, película que vi por recomendación de una buena amiga y me encantó.

Abrazos

Anónimo dijo...

Conmovedor, el poema que has elegido, apasionante, pasional,posesivo,sensual,sexual...
El AMAR, EL AMOR, LA QUÍMICA, esas miradas furtivas, esa complicidad.
La LLAMA de la vida, la que despierta corazones helados, la que te saca de la " trinchera donde estaba ". Un regalo leer poemas tan íntimos, tan hermosos que dicen taaanto.....
Siempre mi cálido beso.

Yuri Zhivago dijo...

"El Río"es una película Vivian llena de luz ,la inmensa luz de La India.
No es fácil a veces salir de la trichera pero muchas veces somos nosotros mismos nuestra propia trinchera.

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