jueves, 15 de octubre de 2009

SHAKESPEARE TRAGEDIAS : MACBETH

Hace años que las más importantes tragedias de William Shakespeare descansan envejeciendo en una de mis estanterías.

Hace un mes tomé la decisión de que entre novela y novela procedería a leer una de estas tragedias hasta completar el libro de hojas amarillentas y con olor a paso de los años pues ya fue adquirido de segunda mano.

Comencé por Hamlet del que hablaremos más adelante pues creo que debe ser releído ya que en su complejo interior se pueden aún sacar muchas más enseñanzas.

Continué con Macbeth que pasaremos a comentar ahora y ayer comencé con el Rey Lear.

En Macbeth todos los caminos por los que se mueven unos personajes movidos por la ambición conduce a la Tragedia.

Digamos que se basa en la gran paradoja del Hado, expresado equívocamente en oráculos: el hombre tiene su destino escrito en los astros, pero, si lo pregunta, se le revelará de tal manera que le engañe para su perdición, pareciendo prometerle el cumplimiento de sus ambiciones.

Las Brujas pueden aquí engañar a Macbeth con la verdad, porque él ya está turbiamente ávido de poder. Uno de los grandes aciertos en el desarrollo de esta tragedia está en el desdoblamiento de la ambición en dos personajes, Macbeth y su esposa, esta no tiene dudas a la hora de incitar a su marido al asesinato del Rey Duncan cuando este se aloja como huésped en su Castillo.

En cambio Macbeth conserva algo de la humanidad de la indecisión y el remordimiento. Una vez asesinado el Rey, Macbeth sube al trono y es precisamente su esposa quien más sufre las consecuencias, anda sonámbula intentando quitarse la sangre imaginaria de las manos hasta que con sus propias manos se quita la vida.

Una vez que Macbeth cuenta a su esposa que las Brujas le han dicho que será Rey, esta le responde:

Has de ser lo que se te ha prometido: pero temo tu naturaleza, que está demasiado llena de la leche de la bondad humana, para tomar por el camino más corto. Querrías ser grande, no te falta ambición, pero sin la maldad que habría de acompañarla”


Una vez que la Señora Macbeth le convence para el asesinato este responde:

Estoy decidido, y reúno todas mis capacidades corporales para este hecho terrible.Vamos allá, y engañemos el tiempo con la más hermosa apariencia: el rostro falso debe ocultar lo que sabe el corazón falso.”




Así que sólo me queda aconsejaros a que el cielo ahorre en economía apagando las estrellas para que comencéis a leer esta gran tragedia que acompaño con uno de los
“Nocturnos “ de Chopin.




2 comentarios:

Vivian dijo...

Día a día me siguen sorprendiendo nuestras coincidencias, Yuri.
Yo también era de las que tenía las obras de Shakespeare en la estantería, pero siempre había otro libro que les quitaba el turno, hasta que un día me dio por empezar, empecé con Hamlet, también, aunque mi siguiente paso fue “El Rey Lear”, un libro que me fascinó, me gustó incluso más que el primero. Iba a continuar con Macbeth, pero una serie de acontecimientos, mudanza incluida, interrumpieron el proceso, ahora, despertaste en mí las ganas de retomar el camino abandonado.
No he leído la parte de la entrada sobre el libro, porque prefiero esperar a leerlo, de lo que sí disfruté es del “Nocturno” de Chopin.

Besos

Sirena Varada dijo...

Shakespeare, con su pléyade de facultades literarias, con su lucidez y su talento, siempre supo encontrar en sus obras los últimos rescoldos de la raiz humana... Por eso es Shakesperare.

Yury, un placer saludarte. Me acordé de ti mientras hojeaba en una librería de San Pestesburbo las páginas del libro que inspiró tu nombre.

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