miércoles, 12 de agosto de 2009

REFRESCO REFRESCANTE Y POLOS LACOSSE

Quiso la casualidad que el día anterior a mi partida a descubrir tierras y mayormente playas "onubenses"un famoso programa de televisión se hiciera eco del "acoso"que estaban sufriendo algunos usuarios de las playas de Cataluña por parte de vendedores ambulantes y personal femenino de origen oriental que ofrecían masajes y en algunos casos prostitución.
No habían transcurrido diez minutos desde qué el que suscribe se sentó cerca del Océano punto de partida de Don Cristóbal a descubrir las américas,acompañado de un magnífico libro de Juan Pando " Historia Secreta de Annual"y ya disfrutaba de la gran personalidad de los combatientes del Rif cuando un estruendoso y continuado toque de silbato me sacó de las áridas montañas del norte de Marruecos y me devolvió a la realidad playera para descubrir a un fibroso andaluz con camisa blanca,pantalón pirata, y sombrero blanco que descalzo avanzaba no sin dificultad por la arena empujando una carretilla que parecía un auténtico Kiosco móvil lleno de barriles con bebida,palomitas,gusanitos y patatas fritas todo ello distribuido y colocado de forma ingeniosa en el "sin par "vehículo de empuje humano acompañado por los "pitirriiipitirriiii "del silbato y gritos de:"Llevo la coca-cola,la servesita,la botellita de agua y el acuarius,Maríaaaa llevo,llevo,llevo los guzanito,la patata frita.Llevo refresco refrescante ".
Por unos minutos me quedé mirando asombrado al peculiar vendedor y su vehículo de transporte y cuando emprendía mi regreso al Rif un joven africano con una enorme bolsa negra a la espalda y varios polos en sus brazos repetía continuamente:Má colore,má tallas ,Lacosse polo,bueno,barato".
Doy fe que durante las tres horas de playa y escasa lectura del exterminio del Ejército de Silvestre en el Rif fueron varios los que vendían refrescos refrescantes,gafas de sol,vestidos playeros de varios colores y polos Lacose a trece euros hasta alguna oriental apareció ofreciendo masajes que no prostitución pero en nigún momento en los días que me senté a ver partir las Carabelas al menos en mi imaginación me sentí acosado por tan peculiares vendedores ,es más alguno de ellos se arrancaba con flamenco del ilustre Don José Monge
que en más de una ocasión hubiera descansado mi libro en la arena para aplaudir.


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