sábado, 13 de junio de 2009

JOSE LUIS SAMPEDRO

En la literatura española no hay grandes historias de amor. Ni siquiera Don Quijote de la Mancha o La celestina lo son.
Así escrbía Gustavo Martín Garzo en su artículo " El embrujo de Juan Marsé"más adelante hablaba de que quizás se pudiera hacer una excepción con Galdós y su personaje de Fortunata
quien formula el mandamiento esencial del amor: que nada que tenga que ver con él es pecado.
Finalmente relacionaba a Marsé con Galdós.
Una vez leído el artículo me hice una pregunta ¿Será verdad que ningún autor español ha escrito grandes novelas de amor? seguidamente pensé en Jose Luis Sampedro y sus novelas "La sonrisa etrusca" y "La vieja sirena" quizás no sean comparables a Ana Karenina o Mme. Bovary pero desde luego son dos novelas de amor en diferentes etapas de la vida.Hace ya muchos años que copnocí a Sampedro en una entrevista en una cadena de Tv desde entonces despertó en mi un sentimiento de ternura hacia la manera de hablar de este hombre y quedé hipnotizado de sus palabras .Al día siguiente ya había adquirido "La sonrisa Etrusca". Ahora dejo un par de muestras de la delicadeza con la que este hombre describe los sentimientos.

Percibe en el cuerpecito un atensamiento-¡este niño comprende ! -que se le comunica y le estremece.No es capaz de pensarlo y menos de expresarlo,pero sí de vivir a fondo ese momento sin fronteras entre ambas carnes,ese intercambio misterioso en que él recibe un renacido latir desde la verde ramita en sus brazos,mientras le infunde su seguridad de viejo tronco bien arraigado en la tierra eterna -LA SONRISA ETRUSCA-

" La mira y es mirado.Hay un click en esos ojos,corre un fluido de unas manos a otras .De agachados como estaban sobre el collar del perro se incorporan,sin soltarse las manos,y quedan frente a frente.Irenia tiembla.En la garganta viril brota un sonido extraño.como tragándose un rugido.Sigue un silencio.Ella se siente como disolviéndose por dentro,a la vez que encendiéndose.Al fin esa garganta enloquecida logra articular:
-Ven
Y añade,como si fuese algo diferente:
-Ahora.
Aún antes de haberlo dicho ya la atrae con una sola mano que aferra el brazalete en torno a la muñeca femenina.Con la otra abre la puerta y ninguno de los dos oye su chirrido habitual.El perro tira de la cuerda queriendo seguirles pero ellos no ven nada.El hombre se la lleva hacia el borde del acantilado,en el arranque de la escalerita.Baja por los escalones a pico sobre el mar,como se desciende a una arena de combate,la mujera le sigue insensible al riesgo de caer al mar,impulsiva como si fuera ella quien empujase.En un quiebro final los escalones les enfrentan,a la altura casi ya del suave oleaje,con la abertura de una gruta:inesperada concavidad en el vertical acantilado.
La lleva hasta el fondo de la gruta, la suelta,se coloca frente a ella,alto y oscuro,a contraluz de la claridad lunar.El hombre lleva sus manos a la fibula de su manto y lo deja caer,quedando sólo con la corta túnica.Ante ese gesto la mujer se arrodilla para descalzarle las sandalias: un ardor de pescador como aquellos otros primeros,que quieren también hacerle recordar,como la luna antes vivida...¿qué ?
Cae ahora la túnica.Las manos femeninas suben acariciando las piernas viriles,más lentamente una de ellas sobre el lunar del muslo.El hombre se inmoviliza ,tenso y reblandecido a la vez,para recibir esa marea carnal,esa caricia de espumas.Sus manos descienden a los hombros femeninos,los elevan,desnudan a la vez a la mujer,se posan sobre los pechos y ella siente erguirse sus pezones bajo esos dedos de cuero y , a la vez,de sueño,de seda ,de fuego..." LA VIEJA SIRENA

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